jueves, 1 de diciembre de 2011

Ya no

No me cuentes cuentos,
que no tengo edad.
Pero si,
cuentame una historia,
una historia real;
de ti, de mi,
de lo que pudo pasar.


jueves, 6 de octubre de 2011

Orgasmo

Como gota de agua,
transparente
resbala sobre mi piel,
eléctrica descarga
nerviosa me recorre,
deseo encontrado,
sorbo de algodon
dulce derritido,
abstracta
me siento entre tus brazos,
aferrada
al ultimo latigazo de amor.

martes, 7 de junio de 2011

DESGLOSANDO (separar algo del todo, para estudiarlo o considerarlo por separado)

 IN: adentro , al interior.
 TE: dativo o acusativo de la 2ª persona singular masculino o femenino.
 RIO: afluencia de personas.
 RIZA: destrozo o estrago que se hace en una cosa.
 N: signo con el que se suple en lo escrito el nombre propio de persona que no sabe o no se quiere expresar.
 DO: 1ª nota de la escala musical.

Verano

 Llega, poquito a poco, como suspiros suspendidos en el tiempo, desde los algodones del cielo, va cayendo, entrando en nuestras vidas; llega, lentamente, posándose sobre nuestra piel; húmedo a veces, seco y quemador otras, llamando a la apatía; se aproxima amenazante, loco junto al mar, agazapado tras la sombra, escondido tras la esquina; aparece un día y, con regocijo lo recibimos, a pesar del padecer; amamos el verano, cálido o abrasador, lo adoramos y lloramos cuando un día, la lluvia fría lo retira.

Pensamientos I

Nuestra vida es como la de las mariposas... Nos formamos en nuestros capullos para, al morir, volar hacia a nuestro nuevo destino.

martes, 12 de abril de 2011

El regreso

Bajo el manto de estrellas
veo creciente tu sonrisa
una despedida leve
aromas suspendidos
revolotean por mi cara
aire fresco

luz tenue
indica el camino
hacia mi destino.

jueves, 24 de marzo de 2011

Arriba abajo arriba

Verde
si azul no es,
quizás rojo sobre negro
es el animo de mi alma
en la tierra
mi casa
el amanecer sobre el almendro
el cielo del mar
amapolas perdidas
giran
llegan y se van
oleadas de calor
aires de frescor
oleadas de frescor
llegan y se van
giran
amapolas perdidas
el cielo del mar
el amanecer sobre el almendro
mi casa
en la tierra
es el animo de mi alma
quizás rojo sobre negro
si azul no es
verde.

martes, 22 de marzo de 2011

Luna

Luna, llena mi espacio
blanco
con tu resplandor
desde el negro cielo
eclipsas las estrellas
llena mis pensamientos
con tu luz
pálida picardía
juegas
te entretienes
me olvido y revivo
en mi vida plena
llena, Luna

domingo, 20 de marzo de 2011

Mediterraneo

Hoy amaneció, ligero azul bajo mi cuerpo
mecida por tus brazos, Mediterraneo
he vuelto a mi niñez
el sabor salado de tu aire
la suavidad de tu mar
el cielo sobre mis ojos adormecidos
surcando sueños olvidados
la sonrisa en mis labios
éxtasis del corazón
mi pequeño tesoro
a vuelto a mi.

viernes, 18 de febrero de 2011

Adiós, hasta la eternidad

Lejos queda el momento
tierno abrazo
en que te marchaste
lejos el recuerdo de tu mano
acariciando la mejilla
húmeda roca
semblante triste
esconde el dolor de la despedida
con un hasta pronto allí nos veremos
lejos queda ese momento a la eternidad.

Fresca la memoria
veo tus ojos apagarse en el adiós.

domingo, 6 de febrero de 2011

Contraste

Azul y naranja, mejor naranja tras mi garganta desgañitada, sabor agrio de limón de un bocado tragado, sabores opuestos, colores que hacen un neutro, frio calor, tras mis ojos soñolientos mil luces, que me iluminan por dentro.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pasión y oración

Pasión adormecida, cual flor a medianoche
sin poder evitar, hiere
la carne dolorida
temblando, como hoja perdida.

Perdida, en el tiempo de espera
toda la vida transcurrida
mientras oras al atardecer
frente al crucifijo, igual que ayer.

Rezas, por volver a verlo
a ese amor perdido
que seguiste, como loca
cuando descubriste su huida.

Ahora tiemblas, con pasión
cuando lo oyes decir el sermón
y recuerdas sus manos cálidas
recorrer tu piel, adoras.

Adoras el recuerdo
adoras el dolor
lo que más te estremece
recorre tu interior.

sábado, 15 de enero de 2011

La bordadora

Sentada tras los cristales, observo
el tiempo volar sobre tu pelo
cual minusculas motas de polvo
pintar poco a poco,
el cabello ajado
de experiencia vital;
retomas el trabajo olvidado
sobre tela colorida
por tus manos
antes joviales
trabajar lentamente,
mientras tus cansados luceros
se esfuerzan entrecerrando
la mirada perdida en la aguja,
bordando una nueva vida
dormitando en la cuna.

sábado, 8 de enero de 2011

Estrella

 Lo vi como se alejaba por la carretera, tan pequeño e indefenso. ¿Cómo es que nadie se paraba a recogerlo?. El, iba mirando a un lado y a otro, como si no fuera algo nuevo, acostumbrado ya al trajín de la carretera. Los coches pasaban por su lado, indiferentes, sin cuidado; alguno frenaba como si se apenara, pero luego, arrepentido, volvía a acelerar.

 Ya llevaba andados un par de kilómetros, partió temprano, antes de que se levantaran la gente del pueblo. La noche anterior había cenado bien, fue bien recibido en esa casa, la que estaba más apartada. Por un momento pensó en quedarse, pero su espíritu era aventurero, y no le apetecía atarse a ningún lugar.

 Su intención era andar hasta el próximo pueblo, quizás ahí, tuviese suerte y también encontrase alguna alma caritativa que se apiadase de su joven cara, demacrada y sucia por el camino. Le ayudaba el que se le notaran las costillas, sobresalientes arcos en su lomo de pelo polvoriento; le faltaba algún diente y alguna legaña rebelde, se obstinaba en no moverse de su ojo izquierdo. De las dos orejitas, una andaba caída y de la otra perdió la punta en una pelea, dura pero necesaria en la vida para subsistir. Su cola siempre estaba en lo más alto, demostrando su orgullo de valiente aventurero. No le faltaban agallas y, a pesar de su poca altura, no dudaba en erizar el pelo del cuello ante un compañero mayor que él, echaba sus orejas hacia atrás, encogía sus patas traseras y se preparaba para saltar en cualquier momento al cuello del que osaba desafiarle.

 Perdido en sus pensamientos, cruzó el puente de su nuevo destino, el camino se hacia más corto si no prestaba atención a esos aparatos ruidosos que se obstinaban en pasar rozándolo. Las casas eran de construcción baja, un piso a lo mucho de altura; en la entrada, una fuente servía de juego a los niños que corrieron a su encuentro en cuando lo vieron. El se freno, ya sabía por experiencia que no debía fiarse de esas criaturas. Solían tirarle del pelo o las orejas y el rabo, y si estaban muy aburridos le tiraban piedras; él les gruñía y se alejaba, no quería problemas con los mayores que eran mucho más crueles.

 Siguió por un camino lateral, seguramente llevaría a alguna casa apartada, como siempre, ahí no solía tener problemas. Cuando la vio, notó algo extraño, como si la tristeza hubiera cubierto la casa con un manto oscuro. Se llegó hasta la puerta, estaba entreabierta y se atrevió a cruzarla. El interior estaba a oscuras, al final del pasillo que tenía a su derecha se veía una luz, la curiosidad le pudo y, cautelosamente, se dirigió hacia allí. Asomo su pequeña cabecita para ver el interior de la habitación; había un gran baúl con muñecas de trapo que asomaban de su interior, más allá, una cama enorme con unas barreras que contenían un leve murmullo. Dando pequeños pasos y agazapado para no hacer ruido se fue acercando; junto a la cama, una silla, si daba un salto podría subirse a ella y ver que era ese murmullo.

 Subido a la silla y apoyando las patitas sobre la cama la vio, era muy bonita, sus ojos eran diferentes, le miraban de otra manera, movía su boca nerviosamente mientras emitía ruiditos extraños, pero no le asustaba, porque estaba sonriendo. Tenia los brazos semicruzados sobre el pecho, cuando lo vio, estiró su mano izquierda hacia él, pero no llegaba. Dándose cuenta de que la niña lo intentaba tocar estiro su cuello entre los barrotes para ayudarle. Estaba tan calentito y era tan agradable, nada que ver con las muñecas que le daba su madre, frías y sin vida. Animado por el contacto, salto al interior de la cama y se acomodo junto a ella, dirigiendo su mirada a la niña para que no se incomodara. Ella sonreía y, sin poder evitarlo, un hilillo de baba resbalaba por la comisura de sus labios; al momento él se quedo dormido, el cansancio y el calor que recibía le ayudo a cerrar los ojos confiadamente.

 Cuando despertó, una gran luz iluminaba las habitación, entraba por la ventana y levantando los ojos vio a la niña semisentada mientras alguien le daba de comer. Un gran trapo le cubría el pecho y su mano no paraba de juguetear con su lomo. Siguió la cuchara que aparecía y desaparecía hasta llegar a un plato repleto de papilla; tras el plato, una cara rechoncha con coloretes muy sonriente. Lo vio despertarse y mirar a la niña, luego, quizás aguzado por el hambre, siguió el movimiento de la cuchara con que le daba la papilla a Estrella; estaba sucio y muy delgado, no sabía como había llegado hasta ahí, pero no le importaba, era la primera vez que Estrella estaba tan animada y comía sin reparos. Sabía que era un regalo de algún ángel de la guarda que lo había hecho llegar hasta ellas. Su marido las abandono cuando Estrella nació;  ni siquiera espero a que saliera del hospital, el medico le explico que la parálisis era de por vida y que no existía ningún tipo de cura; necesitaba todos los cuidados del mundo, pero es su hija y no le importa, la trajo al mundo y cuidaría de ella hasta que Dios se la llevara.

 Se sentó sobre sus cuartos traseros y ladeó su pequeña cabeza, el hambre le empezaba a incomodar. Ella, como si se percatara de lo que le pasaba dejo el plato de papilla sobre la mesita y se fue. Al momento volvió con un plato más pequeño, también lleno de papilla y se lo coloco sobre la cama para que comiera. Olía bien, y tras catar  un poco con la punta de la lengua comprobó que sabía mejor. Estrella reía al verlo comer con tanta devoción, y mucho más cuando relamía el plato en busca de sobras.

 Aquella noche estaba de guardia, el cielo estaba despejado y a través del cristal del viejo consultorio podía ver las estrellas claramente. Eran poco más de las once cuando recibí el aviso, se trataba de Estrella, le había dado otro ataque y parecía que no remitía. Salí a toda prisa con el Land Rover; cuando enfile la carretera, a la salida del pueblo, volvió a mi memoria ese pequeño perro que días atrás vi marcharse temprano, me preguntaba dónde podría estar. Llegue en un momento, ya que de un pueblo a otro había poca distancia. Deje atrás la fuente de la plaza para entrar en el camino que salia a la izquierda, la casa estaba toda iluminada; Joana salió justo al parar el motor, estaba lívida y temblorosa; balbuceaba algo que fui incapaz de entender hasta que llegue a su altura: Se ha ido, se ha ido, se...ha ido. Esta última vez lo dijo en un susurro, como si no quisiera oírse a ella misma.

 El dolor le atravesó la espina dorsal mientras la miraba irse, levanto su pequeña cabezita y dio rienda suelta a sus sentimientos comprimidos en un aullido.

miércoles, 5 de enero de 2011

Margaritas blancas

 Aparecen muertas, a tus pies amarillentos, las margaritas antaño blancas; buscas un culpable entre la soledad silenciosa que te rodea, solo el gorgojo de un gorrión, perdido o despistado, da vida a este lugar olvidado, lugar de olvidos.

  Te sientes perdida, pues día tras día se repite la misma monotonía. Te despiertas, entre la oscuridad de la madera y la claridad del alba; lentamente, intentas recordar donde estás y porque, los recuerdos son borrosos, incluso una vez despierta. Luego, aun descalza, pues perdiste los zapatos en algún lugar entre la ida y el despertar, te das un paseo por la tierra fría y húmeda por el  rocío; sueles cruzarte con otros en tu misma situación, gente de pocas palabras, simplemente saludan con un leve movimiento de cabeza; algunos, aun desorientados y asustados, como tu la primera vez, buscan o llaman a un familiar, lloran y gimen sin consuelo, hasta que alguna alma caritativa se acerca y les consuela; pero solo una vez, es la ley de los que no están, luego, debéis seguir vuestra nueva vida hasta que logréis cruzar el portal que, por alguna extraña razón, no podéis cruzar.

 Ayer echaste de menos al señor del traje negro, aquel de mostacho vigoroso, que andaba pavoneandose. Aunque últimamente lo veías más vivo, como si sus ojos ya no estuvieran apagados; decía, que andaba buscando su verdad y así, podría cruzar el portal.

 La verdad de uno mismo, piensas mientras sigues observando las antaño blancas margaritas. Levantas la vista y ves como el portal desprende leves rayos blancos; te extrañas de poder verlo tan claramente, siempre está lejano y borroso, como el día en que llegaste aquí. Mi verdad, piensas, y con un respingo el portal brilla un poco más... Si, la verdad que debes buscar, tienen que ver con esas margaritas, ahora amarillentas y arrugadas. Las miras de reojo, y viejos recuerdos vuelven a tu memoria fugazmente; oyes unos gritos en tu cabeza, lejanos en el tiempo: unos sollozos, unos lamentos; se mezclan con imagenes de sabanas blancas, mortecinas agoreras.

 Todo te da vueltas, como antigua migraña atacando tus sentidos, ahora vivos de nuevo, y aparecen ante ti todos los que añorabas y pensabas volver a ver en este lugar. Sientes un leve roce en tu cara, húmedo y tibio, y un leve escozor en los ojos, lloras de nuevo;  ya no eres tu, sino aquella niña que corría por el parque en busca de los brazos de su abuelo. Lo ves acercándose a ti, con sus brazos abiertos mientras tu corres dando pequeños pasos, asaltada por los hipos del sollozo, todo se vuelve grande, o ¿eres tu la que empequeñece?. No te importa, solo sientes alegría mientras la luz te envuelve, lentamente, sigues dando saltitos entre el césped húmedo sembrado de margaritas blancas y de un bote, te cuelgas del cuello de tu abuelo; él te hace mirar atrás, y puedes ver a los que dejaste, recogiendo aquellas margaritas antaño blancas y sustituyéndolas por unas frescas recién cogidas. Quien las lleva es la pequeña, sigue tan cabezona como siempre, piensas, tu madre cogida del brazo de tu marido la observa y suspira. Todos sonríen, como si supieran que tu, ya no estas ahí.

 Todos te imaginan corriendo entre margaritas blancas mientras tu abuelo canta una vieja habanera.