martes, 14 de diciembre de 2010

Mi tormenta

 Sigue el tormento, atizando el fuego interior de inseguridades, ligeras ilusiones idas a menos, corroidas, doloridas; pedir  sin tener contestación, sin exigir, suplicar un reconocimineto absurdo, inexistente.

 No merecer ni una mirada, ni una palmadita en la espalda; bien, maravillosamente bien por ti; hablar con la boca grande, en vez de callar y escuchar, correr tanto que adelantas los acontecimientos (que nunca sucederan, bocas); y sigues sin aprender a aparender, nunca aprenderás...

 Una y otra vez te repites: No volverá a suceder. Y sin embargo... Come fango, todos los días del año son un error en tu vida, todos los días del año no deberían haber sucedido, y sin embargo, suceden...

 Dando e impartiendo consejos, que para mi no quiero; mierda de filosofía. Tropezando, dando trasquilones, saltando todo a la torera, con estilo, cierto, pero sin sentido. Una vida sin sentido.

 Una vez más, me dejo hundir en el pozo de mi altivez.

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